Los anuncios de Contactos y la Virgen de la Fuensanta

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Artículo publicado en La Opinión en 10 de noviembre de 2017.

Los diarios son una representación del mundo, nadie puede dudarlo. Una representación parcial, de eso estamos seguros; a menudo interesada, pues la relación de dependencia entre la prensa y las empresas anunciantes o las instituciones públicas es un nexo que exige su tributo (cuya magnitud exacta desconocemos); incluso una representación arbitraria, derivada de los intereses particulares de los periodistas, de su curiosidad o de su desinterés particular. Pero siempre, sea cual sea el valor de la información que allí se recoge, cuando abrimos un periódico nos sumergimos en un universo que nos conecta con el mundo y nos lo muestra… a su manera. Las noticias son, pues, fragmentos de una realidad más amplia, pero de la realidad al fin.

Leemos la información local, la nacional e internacional, pasamos de largo sobre las páginas deportivas (la mayoría de las mujeres lo hacemos así), husmeamos en las de economía, nos indignamos con los anuncios de contactos, nos detenemos en sociedad, cultura, espectáculos y en las páginas de Cartelera, ocio y agenda, y pasamos por alto, por fin, la programación televisiva.

No sé si lo habrán pensado alguna vez, pero si tuviésemos que explicarle el mundo a nuestra hija o a nuestro hijo de cinco o seis años a través de un periódico, nos veríamos en un claro aprieto al llegar a las páginas de Contactos.

Cojo al azar las de un periódico local de un domingo cualquiera, y me dispongo a explicarle el mundo a mi hijo/a ficticio. Vamos a imaginar que nuestro pequeño/a tiene seis años, y que hemos sido adecuadamente didácticos hasta llegar ahí.

En primer lugar se visualizan las fotos. Señoritas en ropa interior o con negligés (el de hoy es rojo), con el rostro pixelado, se ofrecen por quince euros. Seguro que el niño/a nos preguntará qué pone aquí o, mucho peor, qué significan las siguientes palabras:  follar, sexo a tope, polvos de escándalo (mamá, ¿el polvo no es algo sucio?), cachonda, insaciable, francés natural, y otras expresiones que no reproduzco por pudor.

¿Se lo explicamos? Vamos a intentarlo, porque nuestra hija/hijo es curioso y preguntón, ya saben, son cosas de la edad.

Tendríamos que decirles que hay un negocio que se encarga de proporcionar mujeres a los hombres para que tengan relaciones sexuales con ellas (¿qué es eso, mami?). Es lo que hacen los hombres y las mujeres para darse mutuamente placer y, también, para tener niños. Aunque en este caso no sea exactamente así. ¿Y por qué lo hacen entonces? –sigue él/ella – Por gusto. ¿De los dos? Bueno, no, exactamente de los dos no, a él le da gusto, a ella le proporciona dinero. ¿Y por qué? Verás, vivimos en un sistema donde a los hombres, desde chiquitos, se les enseña que ser hombre es tener un deseo sexual imperioso (aquí nos hemos pasado, rebobinamos)… Vamos a ver, un deseo imperioso es como cuando tú te empeñas en comerte una chuche antes de la comida… Ya pero yo no puedo comerme una chuche antes de la comida porque tú no me dejas. Eso es, pues… a los hombres les dejan.

A los hombres les dejan. La frase es muy explicativa. Ellos pueden hacerlo porque hay un sistema de poder establecido, machista, patriarcal, construido para satisfacer sus supuestas e imperiosas necesidades sexuales, aunque para ello tenga que esclavizarse a las mujeres (y no me digan, por favor, que ellas son libres, pues, como dijo el clásico, entre el poderoso y el pobre, la libertad oprime).

En fin, preferiríamos no tener que explicar nada de esto, ¿verdad? Sobre todo, preferiríamos, para empezar bien las cosas, que la visión pública del mundo que se representa en un diario no mostrase un tipo de publicidad que naturaliza la situación de opresión de las mujeres al colocarla, por poner un ejemplo, junto a las procesiones de la Virgen de la Fuensanta. ¿No lo han pensado nunca? En las páginas de local, la llegada o la subida al monte de la Virgen, algunas más adelante, los anuncios de contactos. Estamos llenos de incoherencias y de contradicciones.

Hace unos pocos meses el diario El País suprimió para siempre su sección de Contactos, cosa que ya hizo antes el diario digital Público. Nos gustan este tipo de iniciativas.

Y como nos gustan, animamos a los periódicos regionales a que se sumen a ellas. Hemos observado, además, que esas páginas están en claro retroceso, la competencia de la publicidad virtual se hace sentir, por lo que el prejuicio económico no sería mucho, si es que esta fuera una justificación digna de tenerse en cuenta.

Nos gustaría que el periódico que leemos tomando un café por la mañana no mostrase la denigración del cuerpo femenino, su uso como objeto de placer en régimen de esclavitud y de encierro. Nos gustaría que nadie dijera que esos anuncios tienen derecho a estar ahí porque la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, aunque no imaginamos a ninguna prostituta que le responda con orgullo al carnicero cuando le pregunte a qué se dedica. Si no, vean este video de Osez le feminisme : Un métier comme un autre (https://www.youtube.com/watch?v=PniE6nfGa0Q), donde una orientadora escolar le aconseja a los padres de una joven que aprenda el oficio de puta. La ironía es aquí demasiado triste.

Nos gustaría, además, que nunca tuviésemos que explicarle a nuestro hijo/a los anuncios de contactos como parte de una realidad “normalizada”, tanto como los cambios de las tarifas de los autobuses o las procesiones de la Virgen de la Fuensanta. Por poner solo dos ejemplos.

¿Se animará, por fin, nuestra querida prensa regional a suprimirlos?

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