Aproximación a la vida y la obra de Elena Garro*

Por Mª Engracia Sigüenza Pacheco

*Ensayo publicado en el libro Las mujeres en el tiempo de Miguel Hernández. Editorial Rilke. 2010

“El terror es el arma de los débiles; a la espada más cruel se le vence con la palabra, que es más poderosa”.

                                                        Elena Garro, de su obra Felipe Ángeles

Es difícil acercarse a la obra y a la vida de Elena Garro sin quedar atrapada, sin apasionarse, pues fascina de inmediato su capacidad creadora, su talento, y la pasión y el sentido de la libertad que derrochó a lo largo de su vida.

“La Tólstoi de México”, la llamó Borges; “La mejor escritora Mexicana”, declaró Octavio Paz -por entonces todavía su marido, aunque ya estaban separados- cuando el libro de Elena Los recuerdos del porvenir ganó el premio Xavier Villaurrutia en 1964 (uno de los premios literarios más prestigiosos del país, que años antes habían ganado Juan Rulfo y el propio Paz). Pero éstos y otros halagos no impidieron que la escritora fuera ignorada en los grandes y viriles discursos literarios, en las academias y en las editoriales y que, en consecuencia, no llegara a los lectores. Y eso a pesar de estar considerada la iniciadora del realismo mágico con la novela antes citada y con la obra de teatro Un hogar sólido – publicadas antes de Cien años de soledad de García Márquez-; y de ser la gran innovadora del teatro y el cuento del siglo XX. Los halagos, o los halagadores, tampoco impidieron que en 1968 -ya divorciada de Paz- tuviera que partir al exilio, desprestigiada por el gobierno y acusada de traidora por los intelectuales, a raíz de sus declaraciones sobre la masacre estudiantil de Tlatelolco.

De todo esto hablaremos a continuación, en un intento de arrojar luz sobre la figura de esta apasionante y apasionada escritora, contemporánea y a la altura de Rulfo, Paz y Márquez, aunque ausente en los grandes libros donde sí figuran ellos.

Aproximación biográfica

Hija de padre español y madre mexicana, Elena Garro nació en el estado de Puebla el 11 de diciembre de 1916, aunque esta fecha no es fiable. Pasó su infancia en la Ciudad de México. Durante la guerra Cristera (1926-1929), su familia se trasladó a Iguala, en el estado de Guerrero. Siendo joven viajó a la Ciudad de México para estudiar literatura, coreografía y teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Allí conoció a Octavio Paz, con el cual se casó en 1937 (al parecer éste falsificó su documentación, ya que Elena sólo tenía 17 años), y quien le impidió continuar sus estudios universitarios. Ese mismo año lo acompañó a España, para asistir al Congreso de escritores y artistas antifascistas, regresando en 1938. Tuvieron una hija, Helena, y después de vivir en Estados Unidos, Francia y Japón, países donde Paz ejerció la diplomacia, volvieron a México y finalmente se divorciaron en 1959.

Fue durante el año que estuvo en España cuando conoció al poeta Miguel Hernández, con el que congenió enseguida, y al que volvió a ver unos meses después, en París, cuando él volvía de su viaje a Rusia, donde había participado, representando al gobierno de la República, en el V Festival de Teatro.

De este encuentro, y de la amistad surgida entre ellos, escribe lo siguiente Elena Garro en su libro Memorias de España 1937 publicado en 1992: “El Congreso se marchó a París y nosotros volvimos a Valencia, donde encontramos a Miguel Hernández, a quien quise mucho. Se insistía mucho en que lo había educado un cura, de ahí su perfecto latín y su retórica.

No olvidaré jamás el corte de su cabello castaño, a cepillo, con un pequeño copete al frente, como peinaban a los niños, ni su voz de bajo profundo.

Tampoco olvidaré cómo partía los melones con una navaja resortera que sacaba del bolsillo de su pantalón de pana. Ni olvidaré las fotos de Josefina, su mujer, que me mostró con orgullo: estaba recién casado.

Lo volví a ver en invierno en París cuando estaba allí con León Felipe y Bertuca, dedicado a jugar al futbolito en los cafés del Barrio Latino. Miguel volvía de la URSS y su rostro se había vuelto solemne, como si la experiencia soviética lo hubiera marcado (…).

Miguel volvió a España. Pronto la debacle se apoderó del país y él quedó cortado en Valencia.

La noticia de su muerte me llegó por boca de Antonio Sánchez Barbudo y de Lorenzo Varela”.

Ya en los años cuarenta a Elena se la consideraba una periodista de vanguardia, entre otras cosas porque hablaba de la situación de la mujer cuando pocos lo hacían en una sociedad misógina y sexista. Las abnegadas mujercitas mexicanas eran consideradas seres débiles y pasivos y debían estar confinadas en el hogar. Elena Garro salió de su casa dando un portazo, y sólo con ese acto se convirtió en una amenaza para el statu quo.

“En México, decía, por el simple hecho de ser mujer, todo queda invalidado… En México, apenas una mujer es un poco inteligente, tiene otras aspiraciones, quiere hablar, escribir, hacer algo, todos se confabulan para ver qué le hacen, cómo la destruyen, cómo la dañan”.

A finales de la década de los cincuenta, Elena había escrito guiones cinematográficos, reportajes periodísticos, obras de teatro innovadoras, que rompían con el espacio y el tiempo realista; e insertaba, con excelentes críticas, la magia en la composición escénica, y en los cuentos, algunos de ellos magistrales, como La culpa es de los Tlaxcaltecas. En esta época -cuenta Elena Poniatowska en Una biografía de Elena Garro– se preocupa por los campesinos de Ahuatepec, Morelos, enfrentándose al banquero Agustín Legorreta. Convertida en luchadora social, fustiga al PRI y alaba a Javier Rojo Gómez, que dirige la CNC. Nada le importa más que el reparto de tierras y la suerte de los indios, como ella los llama. “Me crié entre ellos, decía, y para mí son tan queridos como mi familia española. Aparte de esta razón sentimental los indios son las personas cultas del país (…). Los indios son muy inteligentes, han sufrido mucho. Se les ha prohibido hasta tener memoria, porque la Conquista de México les quitó hasta la memoria. Y me produce mucha pena que los exploten de esa manera, que los maten de esa manera y que no tengan derechos”. Poniatowska continúa “Elena aparece en las reuniones campesinas en Morelos, a las que puede acceder gracias al líder campesino Cristóbal Rojas, director del periódico Presente, y causa sensación. Llega despampanante y furiosa al despacho del gobernador, al del procurador de justicia y todos los ujieres le ceden el paso -era una mujer bella y extremadamente inteligente, y mientras estuvieron casados, tanto ella como su marido, Octavio Paz, causaban sensación allá donde iban-. También ataca a los intelectuales: “Yo creo que todos están más o menos ligados con el gobierno, o tienen una chamba en el gobierno, o la han tenido. ¿No te parecen entonces una farsa sus gritos y sus grandes escritos?”. Desenmascara a la política cultural mexicana, su totalitarismo, la sociedad patriarcal, las “cabezas pensantes” que la mantienen marginada. Y opinaba sobre la imposibilidad del Feminismo, mientras “las mujeres no manejen ideas propias, mientras no dejen de manejar intelecto masculino”.

En 1963 publica Los recuerdos del porvenir con el que gana el premio Xavier Villarrutia. Y continúa su lucha agrarista, denunciando públicamente la barbarie de funcionarios, caciques y empresarios mexicanos.

Poco después escribe en un periódico de la época: “La Revolución careció de un sistema filosófico; los intelectuales mexicanos acostumbrados a pensar poco y a disfrutar de muy buenas prebendas, se abstuvieron de ejercer el pensamiento y antes y después del asesinato de Francisco Madero prefirieron las carteras de ministro a la incertidumbre del desempleo.”

En 1968, después de la masacre cometida contra los estudiantes en Tlatelolco, llegó a acusar a los intelectuales de “haber jugado a todas las barajas”; y el 17 de agosto se atrevió a publicar en la Revista de América “El complot de los cobardes” acusándolos de mandar a los jóvenes al matadero.

A partir de esa fecha, Elena se convirtió en una escritora fantasma, a quien el gobierno y el statu quo se encargó de desprestigiar acusándola de “conspiradora, cabecilla de un complot comunista, enemiga del régimen, traidora, loca, paranoica”, etcétera, etcétera. Fue la época del exilio, del que regresaría ya para morir en la década de los noventa, y que la llevó a vivir en Francia, España y Estados Unidos, lugares en los que continuaría escribiendo y desarrollando su prolífica obra.

En los años setenta parecía como si Elena Garro no hubiera existido nunca, nos dice Patricia Rosas Lopátegui, profesora de la Universidad Nacional de México y estudiosa y editora en la actualidad de la obra de Garro: “sus tres libros publicados hasta ese momento, Un hogar sólido y otras piezas en un acto (1958), Los recuerdos del porvenir (1963) y La semana de colores (1964) eran inconseguibles; en nuestro curso de literatura mexicana tuvimos que leer Los recuerdos del porvenir en copias fotostáticas. Además, nada se sabía de ella. Y lo peor de todo, nadie quería hablar de Elena Garro”.

Al regresar a México, en la década de los noventa, Elena vivió en la pobreza, en un pequeño apartamento de Cuernavaca, rodeada de gatos y junto a su única hija -Elena Paz Garro-. El Conaculta (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México) cubrió todos los gastos de su tratamiento contra el cáncer de pulmón, provocado por fumar desde su juventud. Y murió en agosto de 1998, apenas cuatro meses después de Octavio Paz.

El escritor mexicano René Avilés Fabila escribió, de forma apasionada, en 2007: “Elena Garro es sin duda la mejor escritora del siglo XX. Y no se trata de una frase, es algo que puede constatarse si se la lee sin presión biográfica. A Elena los odios le vienen, no me cabe la menor duda, de una época en la que sus colaboraciones en diarios y revistas mostraban su oposición a los valores establecidos y a las reglas de artistas y escritores previos al 68. Errores políticos y su feroz crítica al oportunismo de los intelectuales le fueron cerrando puertas. Que Elena poco entendía de política, es cierto, su talento era literario y lo probó con multitud de obras de teatro, novelas y cuentos de admirable perfección. Nunca fue la heroína de políticos ni la amiga complaciente de los escritores y los pintores más famosos, al contrario, con todos peleó. El movimiento del 68 fue, para la escritora, una trampa. Convencida de la lucha de Carlos Madrazo, expulsado del PRI y tratando de formar un nuevo partido para democratizar al país, Elena dedicó su tiempo a los campesinos. El movimiento estudiantil le pareció un acto de anarquistas y así lo hizo saber con enorme valentía y sin percatarse del error. Fue la que más caro pagó el 68: su inexperiencia e ingenuidad la aterrorizaron y salió huyendo del país para someterse a vejaciones inauditas y dignas de la literatura de Víctor Hugo. Tanto los intelectuales como el Estado la hicieron víctima. Su regreso a México, impulsado por sus amigos, fue en apariencia la fórmula para mejor ayudarla a vivir y a que el país aceptara que era su mejor y más notable narradora y dramaturga. Pienso ahora que fue un error, debió quedarse en París. Aquí se convirtió en el centro de la polémica, del desdén, de la ira de su ex marido, del morbo y la curiosidad de periodistas en busca de una historia. Su muerte, ocurrida poco después de la de Paz, quien tuvo funeral de Estado, fue triste, miserable, en un sórdido departamento de la calurosa Cuernavaca. Su obra sigue buscando editor adecuado y lectores que la valoren, lejos de la postura de apariencia ideológica”.

Y sobre la importancia de su obra, en 2008 con motivo del décimo aniversario de su muerte, la revista Casa del tiempo reconoce en ella a “una de los escritores -es preciso decirlo en masculino para abarcar a hombres y mujeres ante el sexismo que prima en nuestra lengua- más relevantes no sólo de las letras mexicanas sino de la literatura mundial”.

Lo cierto es que la obra de Elena Garro permanece, poderosa, original y perturbadora, desafiando al tiempo con la fuerza y la magia de las palabras.

Y como el tiempo y el poder de la palabra fueron dos de los temas favoritos de Elena Garro, justo es que terminemos volviendo al principio: esto es, volviendo a sus palabras puestas en boca del héroe mexicano Felipe Ángeles.

“Voy a entrar en un orden diferente. Me voy a vagar por la gran patria de las ideas. Me voy a la palabra concordia. Al hombre se le rescata con la palabra”.

Obras de Elena Garro

  Teatro:
Un hogar sólido; Los pilares de doña Blanca; El rey Mago; Andarse por las ramas; Ventura Allende; El encanto; Tendajón mixto: (1958);  La señora en su balcón: (1959); Felipe Ángeles: (1979); Los perros; El árbol; La dama boba; El rastro; Benito Fernández; La mudanza;  Parada San Ángel: (1983).

Novela:
Los recuerdos del porvenir (1963); Testimonios sobre Mariana (1981); Reencuentro de personajes (1982); La casa junto al río (1983); Y Matarazo no llamó; (1991); Inés (1995); Busca mi escuela y primer amor (1996); Un traje rojo para un duelo (1996); Un corazón en un bote de basura (1996).

Cuento:
La culpa es de los tlaxcaltecas (originalmente La semana de colores) (1964); Andamos huyendo Lola (1980); El accidente y otros cuentos inéditos (1997)

Testimonio:
Memorias de España 1937 (1992)

Reportaje
Revolucionarios mexicanos

Obra póstuma:

Mi hermanita Magdalena (1998)

Sócrates y los gatos (2003)

Bibliografía

Ensayos:

*ROSAS LOPÁTEGUI, Patricia, La magia innovadora en la obra de Elena Garro. Universidad de Nuevo México. 2008.

*BUSTAMANTE, Gerardo, Elena Garro: cincuenta años de dramaturgia. Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2008.

*PONIATOWSKA, Elena, Una biografía de Elena Garro. La Jornada Semanal, nº 602. Septiembre 2006.

*BOBADILLA, María, La señora en su balcón de Elena Garro: diferencia-mujer y diferencia-latinoamericana. Universidad Estatal de Nueva York-Stony Brook (2003).

*CALDERÓN, Raúl, Lo fantástico en dos libros de Elena Garro. UNAM.2000.

*SEYDEL, Ute, Memoria, imaginación e historia en Los recuerdos del porvenir y Pedro Páramo. Universidad de Munich-Macimilians-Universitat. 1999.

*GLANTZ, Margo, Los enigmas de Elena Garro. Facultad de Filosofía y Letras. UNAM 1999.

*MORA, Gabriela, Los perros y La mudanza de Elena Garro: designio social y virtualidad feminista. The City College, of the City University of New York,1975.

*PÉREZ ÁLVAREZ, Ramón, Elena Garro-Miguel Hernández. Una emotiva amistad. Fundación Miguel Hernández. Orihuela.

Libros:

*GARRO, Elena, Memorias de España 1937, México, Siglo XXI editores, 1992.

*GARRO, Elena, Los recuerdos del porvenir, Siruela, 1994.

*GARRO, Elena,  La culpa es de los tlaxcaltecas, México, Grijalbo, 1987.

 

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