La mujer sin piel

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Jean-Léon Gérôme – “Mercado de esclavos en Roma” (h. 1884, óleo sobre lienzo, 64 x 57 cm, Walters Art Museum, Baltimore)

 

Por Ramona López

Todas las personas tenemos, desde un punto de vista psicológico, un espacio que incluye nuestra  piel y la trasciende, es ese espacio al que sólo permitimos entrar a las personas que nos son queridas o agradables. Es una especie de segunda piel, es el espacio físico que nos contiene como seres humanos. Este  espacio ayuda a mantener la identidad personal y a mostrarnos como seres independientes, puesto que el yo no acaba en el contorno de la propia piel sino que se prolonga en el espacio personal. Las mujeres prostituidas son despojadas de ese espacio psicológico, de esa piel. La prostituta es la mujer sin piel, la degradada, la devaluada, la que no importa. Recibe además desde el interior de la institución de la prostitución el mandato de aceptar que “lo hace porque quiere”. ¿De verdad alguien puede considerar esta práctica  como una elección libre y voluntaria? No es sólo sexo, es la pérdida de un espacio que todas las personas, por depauperadas que estén, conservan y al que no renuncian. El hombre jamás renuncia a él, por pobre que sea. Pero la mujer sí, la mujer siempre es susceptible de poner ese espacio en almoneda.

Muchas de estas mujeres nunca han tenido esa piel porque fueron despojadas de ella en la infancia o adolescencia, merced al abuso sexual o la violación dentro del ámbito de la familia o del entorno cercano.

PUTTO, PUTTA, PUTTI

Prostitución procede del latín Prostituere que significa “exhibir para la venta”. Como vemos, la etimología por sí sola ya nos está contando una historia.

Por otra parte, la palabra “puta” proviene del latín “putta” y es el femenino de “putto” que significa joven, muchacho (a los que ya en época romana se asociaba con la prostitución). “Putti” es el plural y se sigue utilizando en arte para designar a los angelotes que suele haber acompañando cuadros religiosos o profanos.

Por tanto “puta”, debe ser uno de los raros casos en la historia de la lingüística en que el femenino de una palabra pervive mientras el masculino que lo generó se ha perdido. En los casos en que se utiliza “puto” en la actualidad es un masculino derivado del femenino “puta” y se emplea básicamente en prostitución gay. El lenguaje es el reflejo de la realidad, no hay necesidad de conservar una palabra que no tiene referente y demuestra que la prostitución es una institución que pone a las mujeres al servicio sexual de los hombres. También proyecta ese incómodo hecho de que, en potencia, cualquier mujer joven (putta) es susceptible de ser usada sexualmente (puta).

UN TRABAJO COMO OTRO CUALQUIERA

La prostitución, según la definición de la filósofa Ana de Miguel, es una institución creada al objeto de  que los hombres, para su diversión, tengan acceso a cuerpos de mujeres a cambio de un precio variable.

El hecho de que una actividad produzca beneficio económico no significa que deba ser considerado como un trabajo. Es una perversión del discurso el querer convertir en un trabajo lo que es a todas luces una agresión contra la dignidad de la mujer. Sin embargo desde el regulacionismo se plantea el tema como si se tratara de un conflicto laboral con características especiales, pero la prostitución no es un problema laboral, es un problema de derechos humanos.

Si observamos las cifras, el casi 100% de los usuarios de la prostitución son hombres, el 98% de quienes la ejercen son mujeres, el 2% restante es prostitución gay. Estas cifras nos están diciendo:

¿Eres mujer? Ya sabes que la prostitución es un trabajo en potencia para ti.

¿Eres hombre? Ya sabes que hay todo un contingente de mujeres a tu disposición para cuando quieras divertirte, en cualquier punto de la ciudad, a la vuelta de la esquina, disposición total, cada vez más baratas, cada vez más jóvenes (porque esa es la tendencia actual en prostitución). En Alemania, desde la entrada en vigor de la regulación han proliferado los burdeles donde se ofrecen combos: cerveza  + salchicha + polvo por un precio de saldo. Mujeres limpias, con garantía sanitaria porque están obligadas (ellas, los clientes no, por supuesto) a pasar por el médico del burdel periódicamente. ¿Interesa la salud de las mujeres? No, interesa ofrecerles a los clientes un género libre de tacha.

Por tanto, la prostitución no hace más que aumentar y perpetuar la desigualdad entre hombres y mujeres.

UN ÓRGANO COMO OTRO CUALQUIERA

Escuché a una feminista decir que ella, como bióloga, estaba en condiciones de afirmar sin temor a equivocarse que cualquier órgano es igual a otro y que un pulmón es un pulmón como una vagina es una vagina (sic). Confieso que todavía no me he repuesto de la impresión. Pero vamos a lo que importa, ya que la afirmación iba en el sentido de que, puesto que todo nuestro cuerpo es puro tejido (conjuntivo, adiposo, epitelial…),  no hay razón para escandalizarse ante la prostitución, ya que el órgano en conflicto, el sexual, es como cualquier otro y todo consiste en ponerlo en uso como si de un tacto rectal o una exploración vaginal se tratara. La reflexión por sí sola ya es bastante disparatada si no fuera porque además olvida de forma intencionada que es precisamente un órgano, el sexual, el que nos separa y el que naturaliza la opresión de un género sobre otro. Pero incluso obviando lo obvio y siguiendo con esa lógica, si mantener relaciones sexuales es como comer o beber agua, un acto puramente orgánico ¿por qué ponerle límites entonces al incesto o la pederastia? Y continuando con esta premisa, una vez que damos por buena esa afirmación, la violación ya no sería por tanto una agresión sexual, sería mera violencia. Y en el caso de violación sin violencia, entonces no sería nada más que un intercambio de fluidos en circunstancias especiales.

Que precisamente desde una parte del feminismo se intente poner en valor este argumento absurdo al objeto de apoyar la postura regulacionista  o normalizadora me parece o tremendamente ingenuo o tremendamente tramposo.

EL LIBRE CONSENTIMIENTO: SOY PUTA PORQUE QUIERO

La actividad de la prostitución es tan libre como libertad le dejen a una mujer: la desestructuración familiar, la exclusión social, la vulnerabilidad económica femenina, las guerras, el tráfico de personas, la migración, el hambre y el aislamiento. La libertad que quede a partir de ahí la puede emplear una mujer en empoderarse y terminar siendo prostituta si quiere. Sarcasmos aparte, el libre consentimiento es una falacia cuya amplia difusión sólo se puede deber al hecho de que está al servicio de intereses económicos muy poderosos.

Es raro encontrar una mujer que diga: “yo sería prostituta, ¿por qué no?” Y desde luego no se encuentra absolutamente a nadie que  quisiera ese oficio para su hija. Sin embargo el patriarcado las marca con el estigma de “es puta porque quiere”. ¿De dónde sale tanta prostituta voluntaria?  No es cierto, no las hay, es una atribución espuria. Del mismo modo que la Lolita de Nabokov es una niña abusada que carece de voz y a la que el patriarcado carga con el estigma de ser una seductora, la prostituta no tiene voz propia y cuando habla repite el discurso que el patriarcado le atribuye. Y lo que ella debe decir es: “yo soy puta porque quiero”. Con esta afirmación tan sencilla el usuario de la prostitución, si es que tiene algún escrúpulo, termina por desecharlo porque es ella la que ha elegido ser prostituta. Ese es el objeto del mantra.

En relación al libre consentimiento hay un discurso hermano del anterior por ser hijo de la misma ideología y que con respecto a la violación dice que: a) la mujer la provoca porque camina sola, va sin la compañía de un hombre, viste de forma excitante, sale de noche, no cierra las piernas, etc y b) la violación es deseada por la mujer. Quiero recordar que la canción “La del pirata cojo” de Sabina tiene una estrofa que dice “voy a ser violador en tus sueños” o la canción de Los Ronaldos titulada “Sí, sí” que dice lo siguiente: “Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte hasta que digas sí”. Ellos, tan modernos. Porque, al parecer, nosotras estamos deseando ser violadas al igual que la puta es puta porque quiere. Como veréis se sigue una misma lógica: la que impone el deseo del sujeto hombre sobre el objeto  mujer.

DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE LIBERTAD

Todas las webs y la bibliografía consultada muestran que de un 90% a un 95%, toda la prostitución existente es forzada o no voluntaria. Y sin embargo uno de los caballos de batalla en el tema de la prostitución es el de  la libertad de una mujer para prostituirse si quiere. Pero hay algo que preguntarse: ¿de qué libertad hablamos? Si hablamos de la libertad de poner tu cuerpo al servicio de cualquiera para que haga uso de él como mejor le acomode, eso  no es libertad en absoluto, sino todo lo contrario, porque nadie lo hace por libertad sino por persecución económica. Es paradójico que una de las piedras de toque del regulacionismo sea el uso de la libertad individual cuando hay pocos ámbitos humanos que contenga menos libertad que éste. En todo caso se trataría de la misma libertad que puede tener una persona para vender un riñón: ¿es mi cuerpo, es mi órgano? Hago con él lo que quiero. Esto no es posible porque la libertad personal tiene ciertos límites uno de los cuales se manifiesta cuando el uso de la libertad personal pone en riesgo al resto de la comunidad. Supongo que nadie estará en contra de la afirmación de que la libre venta de órganos haría florecer un negocio que atentaría contra la dignidad humana. Exactamente igual pasa con la prostitución. La existencia de esta institución. que pone el cuerpo de las mujeres al servicio de los hombres para su diversión, genera la trata y la mafia, aumenta la esclavitud sexual y potencia la desigualdad. Todos los datos existentes muestran este hecho. En Holanda, donde la prostitución es un campo libre, la violencia de género, las violaciones, las enfermedades venéreas, el crimen en general han llegado a tal cota, que el alcalde de Amsterdam ha tenido que admitir que el tema se les ha ido de las manos y que ya no saben cómo atajarlo. Por otra parte, en Suecia, país que desde 1999 (con un parlamento formado por un casi 50% de mujeres) declaró la abolición de la prostitución, el número de mujeres traficadas hacia la zona es prácticamente nulo mientras que hacia la vecina Finlandia se trafican cada año de 15.000 a 17.000 mujeres. Quod erat demostrandum  la existencia de la llamada prostitución de libre elección genera y potencia la esclavitud sexual. Al igual que sucedería con la libre venta de órganos, por continuar con el símil, razón por la cual dicha venta es ilegal, limitando con ello la libertad individual. Un estado que proteja a su ciudadanía debe legislar siempre a favor del más débil, en este caso las mujeres forzadas a prostituirse que además de las más vulnerables son las más numerosas. Si no hubiera otras razones, que las hay, esto sería motivo sobrado para abolir la prostitución.

¿CÓMO? ¿ABOLIR LA PROSTITUCIÓN? ¿Y DE QUÉ IBAN A VIVIR LAS MUJERES POBRES?

Hay un amplio discurso que se vale de esta premisa, a la voz de “quiénes nos creemos que somos nosotras, las personas abolicionistas, para negar este medio de vida a las mujeres vulnerables”.  Para empezar, esta afirmación está cargada de clasismo, machismo, asistencialismo, neoliberalismo e infantilización de las mujeres prostituidas. Cito textualmente a Laura Lee, activista por la regulación de la prostitución, que entabló batalla legal contra el gobierno de Irlanda del Norte cuando éste sacó una ley que convertía en delito el pagar por servicios sexuales: “la mayoría de las trabajadoras sexuales son independientes y el 70% son madres solteras intentando salir adelante en tiempo difíciles. Nadie tiene derecho a retirarles esa opción”. Repito, si abolimos la prostitución, ¿de qué van a vivir las mujeres pobres? Ella mantiene la teoría de que la mujer vulnerable debe tener al menos la opción de prostituirse. Nótese que no habla del hombre vulnerable, pues éste siempre tendrá alguna otra opción que no sea vender su cuerpo. Nótese también que su lucha no se ha encaminado a conseguir que los hombres reconozcan la paternidad de los hijos de esas madres solteras y se hagan cargo económicamente de ellos, tampoco de conseguir una compensación económica por parte del estado para las mismas. Y una cosa más: toda la lucha de esta activista es, en definitiva, para que los puteros no puedan ser sancionados, que es lo que recoge la ley irlandesa al considerar, muy acertadamente, la compra de servicios sexuales como violencia de género. La reivindicación por parte de un sector del feminismo del derecho de la mujer a prostituirse genera una brecha por la que se cuela el neoliberalismo. Que todo pueda ser comprado y vendido sin que existan límites morales ni éticos y sin tener en cuenta el bien de la comunidad no es otra cosa que neoliberalismo salvaje. No deja de ser paradójico que coincidan en sus demandas prostitutas, puteros, presidentes (que no presidentas, dato para la reflexión) de clubes de alterne y empresarios del porno. Yo pediría a esa parte del feminismo que reflexionara sobre este hecho y que meditara mucho sobre los compañeros de viaje que tiene: gente como Berlusconi, como DSK y como los  “343  salauds” cuyo manifiesto “ Touche pas à ma pute” (no toques a mi puta) reivindica su derecho y su privilegio, tal y como indica el título, a tener putas a mano para hacer uso de ellas cuando les venga en gana. Está en la red, leedlo si tenéis oportunidad porque es apasionante.

EL ESTIGMA

El estigma está contenido dentro de la propia institución de la prostitución que precisa de mujeres devaluadas, mujeres-cosa, que, a cambio de un precio, permitan a los hombres hacer de ellas lo que deseen. Las webs de oferta de servicios sexuales no se llaman “trabajadoras sexuales a tu servicio” ni “mujeres empoderadas punto net”. En absoluto. Se llaman “muyguarras.com” o “tetasyculos.net”  porque la cosificación, devaluación y objetivización de la mujer forma parte de todo el relato de la prostitución. A pesar de lo que diga el regulacionismo, no es posible generar un espacio de compra-venta de cuerpos o de oferta de servicios sexuales, regulado laboralmente y donde las “trabajadoras” conserven su dignidad. La prostitución necesita y por eso genera en primer lugar, la pérdida de esa dignidad, mujeres que son meros instrumentos al servicio del hombre. Es una condición sine que non. Una mujer que se prostituye o es prostituida pierde todo su valor en sociedad porque así lo requiere la propia institución de la prostitución. El putero sin embargo no arrostra este estigma, bien al contrario, él es siempre todo un hombre.

¿Cuál es el insulto máximo que se dirige a una mujer, a cualquier mujer, independientemente de su edad, condición o clase social? Eres una puta. No existe equivalente masculino. Lo máximo que se le dice a un hombre es: eres un hijo de puta (tu madre es una puta) o eres un cabrón (tu mujer es una puta).

Repito, el estigma (la devaluación de la mujer) no viene de fuera, es una característica intrínseca de esta institución, que le da forma y la define, puesto que uno de sus pilares es la dominación.

UNA FORMA DE DOMINACIÓN

¿La prostitución es sólo cuestión de sexo? Sólo de forma instrumental y tangencial. La prostitución es una cuestión de dominación del hombre sobre la mujer, es el paradigma de la violencia estructural contra la mujer. La prostitución es un arma del patriarcado, como lo es la violación, sólo que esta última es delictiva mientras que la prostitución es una institución normalizada de opresión. ¿Qué motivos tienen para acudir a la prostitución hombres jóvenes y famosos como el futbolista David  De Gea (implicado en el escándalo sexual del caso Torbe), hombres poderosos como DSK o Berlusconi cuando podrían con facilidad seducir a un gran número de mujeres? Pues porque el juego de la seducción es igualitario mientras que en la prostitución mientras el cliente paga puede hacer de la mujer lo que él quiera, reducirla a objeto, usarla, pagar al proxeneta la cantidad pactada y olvidarse.

El patriarcado también impone al hombre ese tipo de sexualidad unidireccional y utilitaria y se le manda el mensaje de que esa es la forma adecuada de relacionarse con las mujeres. Por supuesto, la primera perjudicada es la mujer, pues es reducida a mero instrumento, a herramienta cuyo único mérito es ser imprescindible para el juego. Pero el hombre también sale dañado por la imposición de este modelo, porque se alimenta la idea de un varón con una naturaleza sexual más cercana al mandril en celo que al individuo humano, con un tipo de sexualidad urgente e irreprimible y que cuando se pone en marcha ya no se puede parar, por lo que la sociedad debe disponer de un contingente de mujeres ad hoc, no muy cerca para no perturbar la vida familiar pero no muy lejos para poder satisfacer con facilidad y premura dichas urgencias. Me permito decir aquí que los hombres con los que yo me relaciono y a los que amo no están definidos por ese tipo de sexualidad, que no es la biología la que define sus comportamientos como si su “lado animal” fuera más poderoso que su lado racional. Es una construcción del patriarcado generalizar y hacer de todos los hombres uno solo, el agresivo, el de la necesidad urgente, el proto macho, el dominador, a cuyo servicio debe haber de forma permanente un harén.

LA CLAVE ECONÓMICA

La segunda clave, después de la dominación, es la económica en una doble lectura. Por una parte, la prostitución está íntimamente ligada a la pobreza de la mujer, la exclusión, la migración. Por otra, los pingües ingresos que reporta a la industria del proxenetismo y el porno (la mujer es aquí un peón que percibe una  mínima parte, el hombre-empresario se queda con la plusvalía) hasta tal punto que la UE pidió en 2014 a los países miembros que incluyeran en el PIB los ingresos del país por prostitución. Francia, que camina en la senda del abolicionismo, se negó a hacer tal cosa, pero España puso a funcionarios de Hacienda a telefonear a burdeles para dar una cifra de ingresos por prostitución. Quiero destacar que el abolicionismo no tiene intereses económicos comprometidos en este debate pero el regulacionismo sí: empresarios proxenetas, industria del porno y mafias de trata se llevan aquí la parte del león.

Hoy en día, la trata es uno de los mayores negocios que existen, por delante del tráfico de armas y el de drogas. Pero el dinero no legitima ni vuelve socialmente útil una actividad, por ello la mayor preocupación de los lobbies regulacionistas, como el Strass (Sindicato de las trabajadoras sexuales) en Francia, es el de convertir la prostitución en un trabajo regulado para lo cual la primera organización  a la que apuntaron fue la Organización Internacional del Trabajo (OIT): es prioritario para ellos que se defina la prostitución como «trabajo sexual » en los textos internacionales (que superan jurídicamente a los textos nacionales), así como imponer una distinción entre « prostitución elegida» versus « prostitución forzada », aunque la fuerza de los hechos demuestre que es imposible hacer dicha distinción porque la prostitución forzada siempre se disfraza de prostitución elegida.

Lo que se persigue en realidad es que todo pueda ser comprado y ser vendido sin impedimentos legales ni éticos de ningún tipo. Y eso no es libertad, eso es neoliberalismo en estado puro.

Es un hecho demostrado que cuando la sociedad brinda posibilidades acordes a la dignidad humana, las mujeres no se someten a la prostitución. Ese es el motivo de la masiva importación de mujeres y niñas, por medio del engaño o del secuestro, desde países pobres hacia países con mejor situación económica. No es una cuestión baladí: la prostitución conlleva desigualdad de género (se prostituye la mujer), de clases (sobre todo por cuestiones económicas) y de países (generando con ello países exportadores de prostitución y países importadores de prostitución).

PROSTITUCIÓN, VIOLENCIA Y ENFERMEDAD

Cuando se postula que la prostitución es un trabajo como cualquier otro se está olvidando de forma intencionada que esta actividad padece el mayor índice de estrés postraumático que existe, un 68%, más de dos de cada tres prostitutas lo padece, un porcentaje elevadísimo, si se compara con los estudios que establecen que un 15% de los veteranos del Vietnam sufre este síndrome de forma recurrente.  Es una actividad que expone a drogadicción, alcoholismo, depresión, marginalidad, alta incidencia de suicidio, enfermedad mental y física, embarazo no deseado, enfermedades de transmisión sexual… Una prostituta tiene 40 veces más riesgo de ser asesinada que otra mujer y nuestro gobierno considera que esto no es violencia de género. Del mismo modo,  no se contempla que una prostituta puede ser violada.

La violencia y la enfermedad están en la propia idiosincrasia de la prostitución. Mantener diez o quince relaciones sexuales no deseadas al día ya es violencia. No sólo eso, las mujeres además son golpeadas por clientes y proxenetas derivándose de ello elevados índices de traumatismos óseos. Al igual que la violencia, la enfermedad mental también está en el propio ADN de esta actividad. Cuando una mujer tiene que someterse a continuos encuentros sexuales no deseados, genera una disociación psíquica (con el fin de reducir la presencia de lo experimentado) que puede terminar dañándola.

Tampoco debemos olvidar que hay una correlación directa entre abuso sexual en la infancia y adolescencia y entrada en la prostitución (de un 80 a un 95%). Todo esto es lo que alberga la prostitución, el hecho de que se pague a la mujer no lo hace menos terrible.

LA TRANSMISIÓN DEL PARADIGMA

Tenemos la sensación de que la prostitución es un elemento más del aire que respiramos, que es algo natural en el ámbito de las relaciones humanas y por tanto, eterno. Se dice que es el oficio más viejo del mundo como si su antigüedad lo legitimara, en cuyo caso la esclavitud, por ejemplo, estaría igualmente legitimada. En realidad lo que es antiguo es el patriarcado, sistema que genera la prostitución. Luchar contra el patriarcado y querer legitimar la prostitución es un oxímoron, cuando no pura esquizofrenia. Veamos unos ejemplos de cómo se transmite ese paradigma que hace de la prostitución algo natural y cotidiano:

  • MARUJA LA CACHONDA

Traigo aquí una canción de Joaquín Sabina: “Pacto entre caballeros”, supongo que la habréis escuchado más de una vez, pero por si acaso haré un resumen: tres chicos atracan a punta de cuchillo a Sabina, pero cuando se dan cuenta de que es el cantante le devuelven lo robado y lo invitan a cervezas y putas; al despedirse los muchachos le piden que a cambio les escriba una canción. El  cantante cumple su “pacto de caballeros” cuando ve por la tele que en el curso de un asalto a un chalé terminan detenidos por mucha, mucha policía. De esta canción me interesa destacar la siguiente estrofa:

Controlaban tres fulanas

Pero a mí me reservaban

Los encantos de Maruja, la Cachonda

Vamos paso a paso. Estos chicos tan majos y tan lumpen controlaban tres fulanas, lo cual significa que se quedaban con la plusvalía del trabajo de Maruja y de otras dos mujeres. Podrán ser los muchachos un elemento subversivo frente al poder establecido, pero ello no les impide ser además unos explotadores.

Eran tres fulanas, no hay que decir más, ¿para qué? la prostituta es la cualquiera, la mujer sin nombre, a tal punto llega el grado de objetivización, de cosificación que el sistema ejerce sobre ellas. Son “la que no tiene nombre, la que a nadie le interesa” como dice la copla. Fulanas.

Pero Maruja, por lo visto, tiene un valor añadido: es la cachonda. ¿Qué hace de Maruja una oferta tan especial como para reservarla para el invitado de honor? que es una vocacional ¿Y ello que implica? que hay otras que no lo son, pero nos da igual porque lo importante aquí es que los caballeros festejen su gran noche. Al mismo tiempo atribuye a Maruja un supuesto deseo masculino, el de la satisfacción inmediata y sin implicación afectiva, que no sabemos si tiene o no porque Maruja carece de voz. Quiero destacar que aquí Maruja está en el mismo nivel de importancia que la birra y los canutos: es un mero elemento de diversión de los señores.  Después del rato de juerga Maruja desaparece del escenario y ya sólo quedan el cantante famoso y los tres jóvenes marginales. ¿Por qué? Porque es una épica masculina en la que tres chicos lumpen se enfrentan al poder a su manera. Bien, pues en esa épica de contrapoder la mujer sufre como siempre una doble marginación: es marginada una vez por ser pobre y otra por ser mujer, que además es explotada como prostituta por los hombres de su propio grupo social. Pero esto no se cuestiona, hasta nos hace un poquito de gracia eso de que Maruja sea una cachonda.

Esa noche a la cachonda de Maruja le tocó irse a la cama con el cantante famoso (borracho, eso sí, porque se habían puesto como motos con la birra y los canutos). De lo que no habla la canción es de cuando Maruja  tenía que acostarse con cualquier hombre, y digo con cualquiera, independientemente de su nivel de belleza, juventud, estado etílico, higiene personal o ánimo violento, ni de cómo estaría de cachonda en esos casos. Se da por hecho que la cachondez es en ella una condición permanente.

No traigo aquí a Sabina por casualidad, lo traigo porque es el transmisor de un paradigma en el que nos hemos educado tantas personas de izquierdas entre las que me incluyo y que hemos aceptado sin analizar todas las premisas contenidas en él:

Es el oficio más viejo del mundo

La mujer es la diversión  del hombre

Es puta porque quiere

La prostitución siempre existirá

Es un trabajo como otro cualquiera

 

Estos son sólo unos cuantos de los tópicos sobre prostitución que nos hemos tragado sin masticar.

La prostitución nos hace más desiguales porque nos está diciendo: ¿Eres hombre? Ya sabes que hay todo un contingente de mujeres a tu disposición para cuando quieras divertirte, en cualquier punto de la ciudad, a la vuelta de la esquina, a cualquier hora. ¿Eres mujer? Pues acepta que la prostitución es para ti una opción laboral. Ese es el mensaje que nos manda el patriarcado y la sociedad toda. No lo aceptamos. Creemos que no hay más que un destino digno para la prostitución: su abolición.

Y ahora vamos con un ejemplo allende nuestras fronteras:

  • ROXANNE

“Roxanne, no tienes que encender la luz roja. Esos días se han acabado. No tienes que vender tu cuerpo a la noche. No tienes que llevar ese vestido esta noche, hacer la calle, a ti no te da igual si está mal o bien. Te amé desde que te vi, no quiero ser condescendiente, tengo que decirte lo que siento, no te compartiré con otro chico. Sé que estoy decidido, así que quítate el maquillaje. Te lo dije una vez, no lo voy a repetir, es mal camino.”

Esta canción de Police comparte el mismo sustrato ideológico que la de Sabina, pero va en otro sentido. Mientras que en “Pacto de caballeros” la puta es usada y olvidada, en este caso el prostituidor hace uso de la mujer pero se enamora de ella. ¿Cuál es el siguiente paso? Mostrarle a la bella Roxanne, que desconoce la diferencia entre el bien y el mal, cuál es el camino correcto y decirle (el uso del imperativo en esta canción es fascinante) lo que debe hacer: quítate el vestido, lávate la cara y abandona el mal camino. Yo lo he decidió así, te lo dije una vez y no lo voy a repetir. Muy bien, Sting, así hablan los hombres. Nótese que a Roxanne no se le pregunta ni una sola vez si ella también le ama, si quiere dejar ese camino para irse con su cliente, si tiene otros planes o en general si tiene algo que opinar al respecto. Él da por supuesto que estar al servicio de un solo hombre es más conveniente para ella que estar al servicio de todos, ya que ha tomado la determinación de que no la va a compartir con nadie, que va a ser sólo para él. Es más, le da igual lo que sea o no más conveniente para ella porque él ha tomado su decisión. La moralina que desprende esta canción casi hace pensar que es un cura el que retira a Roxanne de las calles y no un cantante de rock. Pero de nuevo, en este universo patriarcal, lo que opinen las mujeres es irrelevante. La mujer es en esta canción primero usada y después tutelada como si fuera menor de edad. Roxanne, como Maruja, no tiene voz, por tanto no decide así que ambas son meros peones de un ajedrez machista. La actitud arrogante de él está justificada al darse por hecho que: a) el hombre es el que manda y b) Roxanne debe estar agradecida por esta oportunidad que él, más que ofrecerle, le impone ya que  con ello se va a rehabilitar en sociedad.

Y hay algo más, querido enamorado: si consideras que es mal camino, ¿qué haces tú yendo de putas? Así es la institución de la prostitución, en un mismo acto compartido por los dos, lo que hace ella está muy mal y lo que hace él es simplemente cosa de hombres. Ahí reside el estigma contra la mujer prostituida que es a un tiempo explotada y deshonrada. ¿Es hipócrita la actitud del protagonista de esta canción? No; no le hace falta serlo. Se considera que al prostituirse (o ser prostituida) la mujer pierde todo su valor en sociedad pero sin embargo el valor del hombre no se ve alterado en lo más mínimo al hacer uso de la prostitución. Esta institución que devalúa a las mujeres concede en cambio a los puteros auténtica indulgencia plenaria. El estigma es unidireccional, sólo afecta a una parte.

La relación del cliente con la prostituta (igual que la relación de la prostituta con el proxeneta) es fiel reflejo de la doble explotación que sufre la mujer prostituida, explotación sexual y explotación económica, ya que es el hombre el que maneja el dinero, el que elige a quién compra (o vende), el que toma las decisiones. El usuario no sufre estigma, paradójicamente, a pesar de ser un explotador (y en el caso del proxeneta, muchas veces un esclavista) sobre él no cae la vergüenza, al contrario, él es un señor, es el que maneja y dispone. El que paga, manda y él es el que paga, es el hombre.

QUEREMOS LA ABOLICIÓN DE LA PROSTITUCIÓN

El hecho de que no haya límites morales, éticos ni políticos supondrá que nos convirtamos en mercancía, en mera mercancía, no sólo para los mercados sino los unos para los otros y sobre todo las unas para los otros puesto que aquel grupo más débil estructuralmente será el que soporte, el que padezca la injusticia. El grupo estructuralmente fuerte será, es, el que tiene el acceso al cuerpo de la mujer debilitada económicamente (si no es por este motivo por qué si no se presta una mujer a prostituirse). Igualmente de esta situación se sigue de forma natural el hecho de que los dueños del discurso dominante y de los medios de comunicación que lo propagan son aquellos que se encuentran en el grupo estructuralmente poderoso, en este caso los hombres, cuya influencia recluta a tantas personas para una causa intrínsecamente perversa. Y estoy pensando ahora en las feministas (¡las feministas!) que defienden la práctica de la prostitución bajo los argumentos de la necesidad económica y de la supuesta libertad de las mujeres.

La institución de la prostitución quiere mujeres jóvenes, cada vez más jóvenes, delgadas y guapas, con grandes tetas y culos. El simpático putero Barnie Stinson de la serie  “Cómo conocí a vuestra madre” tiene arcadas cuando le presentan a una mujer de más de treinta años. En la página de Hetaira, en las caricaturas en que  se representa a una prostituta, ésta es joven, guapa delgada y con enormes tetas. Cuando se representa a las abolicionistas, éstas son siempre feas, viejas y resecas.  Cuando se habla de las abolicionistas se nos describe como mujeres puritanas, controladoras y opuestas al disfrute sexual.  El feminismo que defiende la práctica de la prostitución tendría que asumir su responsabilidad al integrar y difundir este discurso profundamente machista.

¿Invitar a las mujeres a que se sigan prostituyendo como han hecho toda la vida es ayudarlas a empoderarse? ¿Defender el derecho del putero a ir de putas porque el pobrecito también padece el estigma (oído a una feminista en un foro público) es revolucionario? Ese putero, sobre el cual las legislaciones más avanzadas dictaminan que ejerce violencia de género al hacer uso de la prostitución, es el que es defendido por las personas partidarias de la regulación y la normalización de este sistema. ¿Tantos años de feminismo para terminar defendiendo el derecho de una mujer a exhibirse en un escaparate con un letrero que diga 50% de descuento?*  Para este viaje no hacían falta alforjas.

Desde el regulacionismo se insta a las mujeres a que acepten el sistema, a que se empoderen dentro de un sistema de dominación, aunque ese empoderamiento nunca puede llegar por las características que le son propias. En determinados casos puede existir la ilusión de que es así, en el caso de que no tengan proxeneta que coseche la plusvalía de su trabajo o en el caso de que puedan elegir a los clientes, pero aún ese raro caso las mujeres prostituidas seguirán siendo un mero elemento de diversión para el hombre, continuarán alimentando un sistema profundamente injusto.  Desde el abolicionismo propugnamos sin embargo la desaparición de una institución creada por el patriarcado para tener mujeres disponibles para el entretenimiento del hombre. Mientras el regulacionismo es coyuntural, pues pretende simplemente paliar las lacras que arrastra esta actividad, el abolicionismo es estructural pues quiere su desaparición por tratarse de un sistema que perpetúa la dominación masculina. El abolicionismo lucha contra el patriarcado, el regulacionismo sólo aspira a negociar las condiciones.

Desde el abolicionismo creemos que la prostitución no es un oficio, no es una profesión, no es un trabajo cuyas claves, métodos o artes deban ser recogidos para legarlos a la siguiente generación. La prostitución es, desde el patriarcado, un elemento de opresión sobre la mujer mientras que para la mujer es un modo de supervivencia dictado por la falta de alternativas. No creemos que pueda haber soluciones intermedias, el único destino de la prostitución, si queremos vivir en una sociedad igualitaria, debe ser su abolición.

* Visto en un burdel en Gante, en un polígono industrial de alto nivel, con lujosos concesionarios de coches y empresas de venta de muebles y otros.

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