Esposa o puta

El_mundo_sigue-273711292-largePor Ana Fructuoso Ros

“El mundo sigue” es una película dirigida por Fernando Fernán Gómez y basada en la novela homónima de Juan Antonio Zunzunegui, publicada en 1954. Se proyectó en 1963 en el cine Buenos Aires de Bilbao, casi en la clandestinidad y no se volvió a saber de ella hasta fechas recientes, ya que la censura franquista la relegó inmediatamente al olvido, algo comprensible después de tratar sin reparo un amplio abanico de aspectos sociales que no dejan a la España del momento en buen lugar.

Fernán Gómez, alimentándose del mejor neorrealismo italiano, muestra de una forma descarnada la situación de una familia humilde de un barrio popular de Madrid en los años 50-60.

Aunque podríamos repasar cada uno de los temas de los que trata la cinta: el adulterio, el aborto, el maltrato, la ausencia de moral, el honor, la honra, la miseria de la sociedad española de esos años, etc… quiero destacar la opresión y el drama que atraviesa la vida de las protagonistas femeninas, por considerarlo el tema central de la cinta, así como por el enfoque que el autor nos muestra a través de su objetivo.

En la primera escena, una mujer, casi anciana, camina por la calle con la cesta de la compra. La cámara la sigue parte del trayecto y basta fijarse en su forma de andar y en su gesto cansado y resignado para apreciar que su carga sobrepasa, con mucho, el peso que transporta. Se aprovecha la escena para introducirnos en el ambiente cotidiano de un barrio popular, humilde, ruidoso, donde los niños juegan en la calle, los vendedores hacen sus reclamos y donde la gente se saluda con familiaridad. La mujer, finalmente, entra en un portal, sube las escaleras hasta el último piso en el que vive, el cansancio y las penas que la acompañan se van apoderando progresivamente de su expresión. A lo largo de la proyección, queda patente que sobre esta mujer, la madre, pesa la responsabilidad de ser el sostén donde descansan los problemas de cada uno de los miembros de la familia. Es una mujer abnegada, resignada, pero a la vez una luchadora sin descanso, con la suficiente habilidad para mantener, no sin dificultad, el equilibrio y la paz en el hogar, sobre todo entre las dos hijas, Eloísa y Luisa, que serán las protagonistas del tremendo drama que les acecha fotograma tras fotograma.

Eloísa está casada con un desgraciado obsesionado con el juego y las apuestas, en las que gasta todo cuanto gana como camarero en un bar, sin prestar atención a su esposa y los cuatro hijos que tiene que alimentar. Se entiende que, aunque Eloísa se casa enamorada, su matrimonio se ha convertido para ella en un infierno, algo muy alejado de lo que, alguna vez soñó. Las imágenes revelan contundentes muestras de la desesperación de la protagonista por la miserable vida que arrastra sin horizonte ni esperanza que le sirva de consuelo, lo que le lleva en algunos momentos a la histeria más desgarradora. Vive en una casa pobre, no puede alimentar a sus hijos y la única ayuda con la que cuenta es la de su familia, con un marido que aparece cuando le viene en gana y que incluso la maltrata cuando ella le recrimina su actitud.

Eloísa es una mujer hermosa, o al menos lo fue en otro tiempo, antes de que la relación con su marido la degradara de tal manera que hiciera de ella un ser inmensamente infeliz. Se recurre en varios momentos de la cinta al flashback, técnica muy novedosa entonces, para mostrar fragmentos de su vida anterior, recuerda con nostalgia momentos más alegres y dichosos como cuando ganó el premio de un concurso de belleza, antes de casarse, o cuando era cortejaba por otro hombre al que rechazó, aspirando a encontrar un mejor partido con el que compartir su vida.

Eloísa se siente desesperada al no encontrar alternativa posible en la opresiva e inane sociedad en la que le ha tocado vivir. Una escena impactante y que reproduce, con toda crudeza, el drama femenino en la sociedad enormemente machista de entonces, es la de Eloísa caminando afligida por la calle, absorta en sus pensamientos y en su desdicha mientras los hombres con los que se cruza se vuelven a mirarla con descaro y la piropean sin pudor. Ella, abstraída, parece ignorarlos hasta que uno de ellos la sigue y, en un callejón menos transitado, intenta abusar de ella. Eloísa toma iniciativas para buscar algún camino y salir adelante, tal vez un trabajo para atenuar, al menos, la indigencia por la que atraviesa, pero todo lo que le ofrecen pasa, de alguna manera, por vender su cuerpo, algo a lo que ella se resiste tajantemente.

En contraposición a Eloísa, el personaje de la otra hermana, Luisa, que dejando de lado los escrúpulos morales que atormentan a su hermana, conseguirá llevar una vida más acomodada y placentera. Luisa no está casada, ha rechazado algunas proposiciones de matrimonio que ha valorado por debajo de sus ambiciones. Trabaja como dependienta en una tienda, empleo que dejará cuando, con métodos no muy ortodoxos, consigue alcanzar un estatus de mantenida de un hombre rico que le procurará un elevado nivel de vida. Luisa puede parecer una mujer frívola, manipuladora, carente de principios, pero tiene buen corazón, quiere a su familia e intentará ayudar a su hermana, algo que Eloísa rechazará siempre entre violentas discusiones, insultos e, incluso, agresiones.

El drama se complica cuando el marido de Eloísa es detenido por la policía por robo, como consecuencia de su enfermiza adicción a las apuestas. Eloísa no puede resistir más tanto sufrimiento y trata de refugiarse en casa de sus padres, pero todo se precipita cuando su hermana Luisa, cargada de regalos, viene a visitarlos en un llamativo y lujoso vehículo. Eloisa se siente agredida y humillada por la ostentación de que hace gala su hermana y, en un arrebato de cólera y desesperación, salta al vacío desde el balcón en presencia de toda la familia.

La película desvela una sociedad cruel, miserable, extraordinariamente machista, cuyos únicos escrúpulos y valores son los de la supervivencia a cualquier precio, en la que las mujeres no poseen otra alternativa para salir adelante que el matrimonio indisoluble, o el burdel.

Aunque la sociedad actual diste mucho de la que muestra esta trama, si prestamos atención y observamos más detenidamente, no es difícil descubrir reminiscencias de un tiempo, no muy lejano, en el que la mujer era considerada un ser humano de segunda clase, carente de libertad, de dignidad, de derechos, tratada de manera instrumental, accesoria, como ama de casa o mero objeto sexual; lo que podía ocurrir de igual manera tanto en el prostíbulo como en la cama de matrimonio santificada con un crucifijo en su cabecera. La felicidad de la mujer dependía, única y exclusivamente, de haber tenido la suerte de encontrar un hombre que la quisiera y la respetara.

Hay que tener presente que la relativa igualdad entre hombres y mujeres de la que podemos disfrutar en la actualidad no es el simple fruto de la inercia de la razón universal que ampara a todos los seres humanos por el hecho de serlo, sino el de la lucha y el coraje de muchas mujeres que a lo largo de la historia se han rebelado contra la opresión y la injusticia, mujeres a las que debemos un justo reconocimiento y que nos obliga a reconocerlas como protagonistas de las transformaciones que ha hecho posible avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres. “El mundo sigue” contribuirá a no olvidar aquel lugar de donde venimos.

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