De lechuzas y topos: dos símbolos, dos premios

topo y lechuza

La lechuza extiende sus alas y levanta el vuelo en la oscuridad de la noche. Con sus grandes ojos va descubriendo hasta los más pequeños detalles de los bosques en los que habita.

Nosotras, las promotoras de +mujeres, nos sentimos identificadas con la imagen de esta criatura de la noche, símbolo de Atenea, la diosa de la sabiduría y de la primera democracia de Occidente: Atenas.

Hemos elegido la lechuza como nuestro símbolo porque la diosa Atenea, a la que representa, puso en peligro el orden patriarcal y monárquico del panteón olímpico. Una profecía había anunciado a Zeus, rey de los dioses, que la criatura nacida de su unión con Metis, diosa de la inteligencia práctica, lo destronaría. Así que el divino patriarca se la arrebató a su madre cuando aún la llevaba en su vientre, la devoró y acabó naciendo de su propia cabeza. Es decir, el varón celeste arrebató a la mujer encinta el poder generador de la vida y se lo atribuyó a sí mismo.

Desde entonces, y durante miles de años, mujeres y hombres lechuza hemos sido devorados por el poder patriarcal para hacernos nacer no del vientre de una mujer, sino de la cabeza de un hombre. Y así hemos sido relegadas a la oscuridad de la noche desde el origen del patriarcado.

Los mitos fundacionales de nuestra cultura nos han recluido en el interior oscuro y silencioso del hogar, porque los señores del orden patriarcal en que vivimos saben que si salimos del nido, extendemos nuestras alas y alzamos el vuelo, se derrumbará su milenario poder.

Así como Zeus se sintió amenazado por la profecía, hoy sigue habiendo muchos hombres/mujeres que también se sienten amenazados por las mujeres/hombres lechuza. Porque estas criaturas voladoras, de ojos grandes y mirada penetrante, poseen una inteligencia práctica, flexible, prudente y cuidadosa. El aire libre es su elemento, porque en él se despliega la vida, el vuelo y la palabra.

La palabra de las mujeres/hombres lechuza, al extender sus alas, desvela los prejuicios ancestrales sobre los que se asienta la cultura patriarcal. Y frente a la lechuza, que con su vuelo sereno representa la libertad y la movilidad de la inteligencia humana, se nos presenta un símbolo contrario, cuya característica es la vida subterránea: el topo.

El topo representa a esos hombres/mujeres temerosos que se sienten amenazados por las mujeres/hombres lechuza. Es un roedor de piel oscura, hocico afilado y pequeños ojos ciegos que no ve la luz y que habita en las galerías subterráneas excavadas por él mismo. La ceguera del topo le impide distinguir entre la oscuridad de la noche y la luz del día. No conoce más que los oscuros pasadizos por los que se mueve a tientas.

Los hombres/mujeres topo socavan simbólicamente la tierra bajo nuestros pies y hacen que podamos hundirnos al caminar sobre esas sinuosas galerías que han ido construyendo desde tiempos inmemoriales. Como ellos no pueden ver ni volar, tampoco quieren que lo hagamos nosotras, las mujeres/hombres lechuza.

No son capaces de comprender los cambios que se han producido y que se siguen produciendo en este mundo nuestro. Aunque salgan de sus oscuras madrigueras, la ceguera no les permite percibir otra cosa que esa negra oscuridad en la que han nacido y a la que están acostumbrados.

No pueden o no quieren ver que el orden patriarcal se derrumba. Hay cada vez más lechuzas que abren sus grandes ojos y levantan el vuelo. El aire se va poblando con sus palabras, con esas voces libres que antes no habían podido pronunciar o no habían sido escuchadas. El aire las ha hecho resonar en el silencio de la noche, las ha esparcido como el viento esparce las hojas en otoño, anunciando el otoño del patriarca.

Esas palabras han llegado al fino oído del topo. Tarde o temprano, tendrá que comprender que solo la lechuza puede darle el alimento para seguir viviendo, porque la palabra de la lechuza es palabra nutricia.

Por eso, en +mujeres hemos decidido conceder todos los años el Premio Lechuza y el Premio Topo. El primero, para expresar nuestro reconocimiento a las personas o instituciones que promuevan discursos, actitudes y conductas antipatriarcales; el segundo, para denunciar públicamente la ceguera, la rigidez y la intolerancia de quienes se niegan a aceptar los cambios radicales que está viviendo nuestra cultura y de los que las mujeres/hombres lechuza somos protagonistas.

 

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